sábado, 21 de julio de 2012


“Conozco tus obras. Mira que delante de ti he dejado he dejado abierta una puerta que nadie puede cerrar. Ya sé que tus fuerzas son pocas, pero has obedecido mi palabra y no has renegado de mi nombre”. 
Apocalipsis 3:8

Cuando Dios me mostró que yo tenía talento para escribir, recuerdo que esta palabra de la Biblia vino a mí. Entonces, le escribí a las dos editoriales más importantes de doctrina tributaria del país.
Para mí sorpresa, primero Dios abrió la puerta de una de ellas, pero por algún motivo, yo vi cerrada luego esa puerta. Al poco tiempo, se abrió la puerta de la otra editorial y empecé a escribir para ella.
Pero sin embargo, me preguntaba porque Dios dijo que las puertas estaban abiertas, si una de ellas se había cerrado. Yo la veía cerrada, pese a mi insistencia. Pero saben, Dios no es hombre para mentir, tampoco es hijo de hombre para arrepentirse, lo que dijo lo hace. 
Mientras yo veía una puerta cerrada, Dios la veía abierta. El otro día escribí un artículo sobre cuestiones fiscales, y un socio del estudio donde trabajo se encargó de gestionar que aquella editorial que me había cerrado la puerta, revise la posibilidad que lo publiquen. Hoy me entere que lo van a publicar. 
El mensaje es simple, cuando Dios decreta bendición en tu vida por medio de una palabra, no dudes, las puertas se abrirán.